Entre el bolsonarismo y un Lula 4.0: Brasil vota dividido y habrá segunda vuelta presidencial

2026-10-05 17:12:30 - MUNDO

Brasil ha votado este domingo 4 de octubre para elegir al presidente y vicepresidente de la República, los gobernadores y las asambleas legislativas de los Estados, la totalidad de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado. Más de 158 millones de brasileños y brasileñas estaban llamados a las urnas.

El senador Flávio Bolsonaro ha sido el candidato más votado en las presidenciales, con el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % del actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva. Ninguno ha superado el 50 % necesario para ganar en primera vuelta, por lo que ambos volverán a enfrentarse el próximo 25 de octubre.

El primer balance favorece a la derecha y, especialmente, al bolsonarismo, que refuerza su presencia institucional y llega con ventaja a la segunda vuelta. Sin embargo, la presidencia de la República sigue abierta. Queda por ver si Brasil tendrá un cuarto mandato de Lula o si el apellido Bolsonaro regresará a la presidencia.

La ausencia de Jair Bolsonaro, padre de Flávio, en esta contienda tiene una explicación judicial. En 2023, el Tribunal Superior Electoral lo inhabilitó durante ocho años por abuso de poder político. En 2025 llegó la condena penal por la trama golpista destinada a impedir la alternancia tras las elecciones de 2022. La candidatura de su hijo mayor se produce, por tanto, en un contexto marcado por las consecuencias de aquella derrota y del intento antidemocrático de revertirla.

Aunque se había barajado una candidatura presidencial del gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, Jair Bolsonaro eligió respaldar a su hijo Flávio. La dimensión familiar del bolsonarismo va más allá de la presidencia. Su mujer Michelle Bolsonaro y su hijo Carlos Bolsonaro han sido electos para el Senado, mientras que Jair Renan Bolsonaro y Renato Bolsonaro, hijo y hermano del expresidente, respectivamente, han obtenido escaños en la Cámara de Diputados.

Estos resultados apuntan a la consolidación de un liderazgo personal y familiar, articulado a través del Partido Liberal (PL).

La inseguridad, el coste de vida y el endeudamiento de los hogares han ocupado un lugar central en la campaña. A estas preocupaciones se ha añadido la relación con Estados Unidos. Las disputas por los aranceles de la administración Trump y la designación por parte de Estados Unidos de dos grupos criminales brasileños, Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho, como organizaciones terroristas han incorporado una dimensión internacional al debate electoral.

Otro asunto destacado ha sido el escándalo del Banco Master, cuyo antiguo propietario, Daniel Vorcaro, está siendo investigado por un presunto fraude financiero. Sus ramificaciones alcanzan a figuras de todos los sectores políticos y al propio Supremo Tribunal Federal.

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La campaña presidencial ha vuelto a organizarse alrededor de dos grandes polos: la izquierda liderada por Lula y la derecha articulada por el bolsonarismo. Ambos candidatos concentraron conjuntamente más del 92 % de los votos válidos: Flávio Bolsonaro ha obtenido 56,1 millones de sufragios frente a los 53,9 millones de Lula da Silva. Las demás candidaturas quedaron a considerable distancia de los dos favoritos. Ninguna alcanzó el 3 % de los votos. El tercer puesto corresponde al escritor de autoayuda Augusto Cury, con el 2,89 %.

La segunda vuelta del 25 de octubre resolverá quién gobernará Brasil durante los próximos cuatro años. Lula debe remontar una diferencia de unos 2,2 millones de votos. Las candidaturas eliminadas para la segunda vuelta suman aproximadamente el 7,8 % de los votos válidos, algo más de nueve millones de sufragios que son decisivos.

El predominio de candidaturas de derecha entre los eliminados ofrece a Flávio una reserva potencial de apoyos mayor. Al igual que en Chile el año pasado y en Colombia hace unos meses, la derecha tiene a priori más margen que la izquierda para crecer.

La competencia ajustada entre ambos candidatos ya aparecía en los últimos sondeos. La encuesta de Quaest publicada en la víspera situaba a Lula en el 46 % y a Flávio en el 45 %, dentro del margen de error. Las urnas han colocado por delante al candidato del PL. Su crecimiento en los últimos sondeos, acompañado del retroceso de otras candidaturas, sugiere una concentración del voto de derechas en torno a su candidatura.

Por su parte, los resultados legislativos confirman la persistencia de la fragmentación partidista y el fortalecimiento del Partido Liberal. Con 121 de los 513 diputados, el PL ocupará cerca del 24 % de la Cámara y tendrá la mayor bancada desde 1994. En el Senado, la proyección es de 28 de los 81 escaños, algo más de un tercio del total. Será también la primera fuerza de esta cámara.

La elección brasileña tiene una dimensión que trasciende sus fronteras. En 2022, la victoria de Lula se inscribió en un ciclo regional marcado por el llamado "giro a la oposición".

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Gobiernos de distinto signo perdían las elecciones y la alternancia se convertía en la tendencia dominante. El regreso de la izquierda a Brasil formaba parte de ese proceso de castigo a los oficialismos.

En 2026, una eventual victoria de Flávio Bolsonaro reforzaría el avance de la derecha en América Latina. Brasil podría sumarse a Chile, Honduras, Colombia y Perú como otro país en el que las derechas ganan las elecciones y se alinean más con Trump 2.0.

Desde su regreso a la presidencia, Trump ha combinado el respaldo retórico a candidaturas afines con distintas formas de intervención y presión más propias del hard power (poder duro), desde la operación militar en Venezuela hasta el bloqueo de Cuba. Así, aliados y aliadas de Trump están ganando elección tras elección. A pesar de la gran heterogeneidad y realidad social y económica de cada país, América Latina es cada vez más afín a Estados Unidos (a Trump, para ser más precisos). El Escudo de las Américas cuenta cada día con más miembros, y quizá sume otro el próximo 1 de enero, cuando inicie el nuevo mandato presidencial brasileño.

En ciencia política, una de las definiciones más conocidas y minimalistas de la democracia corresponde al politólogo Adam Przeworski, quien afirmó: "es un sistema en el que los partidos (de gobierno) pierden las elecciones". Brasil sería un caso más en esta definición mínima, pero hay más en juego.

El regreso de Lula en 2023 tras la presidencia de Bolsonaro padre se vivió en muchos sectores como una suerte de restauración democrática. El informe de V-Dem de 2026 identifica su victoria en 2022 como el punto de inflexión que permitió revertir el proceso de erosión democrática.

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Estamos asistiendo en vivo y en directo a un test de las teorías sobre resiliencia democrática. O, si se prefiere, sobre cómo pueden morir las democracias.

Se ha escrito mucho sobre cómo se erosiona una democracia desde dentro, cómo actúan autócratas electos y cómo hacer para derrotarlos en unas elecciones. La novedad en el actual panorama político tiene que ver con lo que sucede después. Es decir, con el modo de mantener a esa fuerza poco o nada democrática alejada del poder.

Estas elecciones muestran lo que ya vimos en EE. UU. en 2024: que se haya derrotado a una fuerza de derecha antidemocrática no significa que esta desaparezca y no vuelva a ganar. En Brasil, la posible victoria de Bolsonaro, ahora Flávio y no Jair, podrían confirmar esta tendencia.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation, un sitio de noticias sin fines de lucro dedicado a compartir ideas de expertos académicos.

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Asbel Bohigues no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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